POR LA JUVENTUD

Por: Ivan Díaz Barrera.

Cuando se habla a la juventud se incurre por lo general, en el mismo error de inspirarnos a ser el cambio de lo que está establecido. Se cree que lo correcto es convencernos que necesariamente nuestro deber es, si y sólo si, sustituir lo ya construido en la sociedad. Por eso es que vemos una ideología, muy dirigida a Ia juventud, que justifica el abandono de Ia tradición en beneficio de acoger “nuevas formas de ver el mundo”.

Surgen cosas como, la drogadicción, la pérdida de la fe en Dios, la desconfianza de pertenencia a un género, defender la muerte de niños, entre muchas ideas “modernas” generadas por esto mismo, por qué se ha enseñado a la juventud que está destinada únicamente a “cambiar algo”. En ese aspecto no parece haber cabida a la sabia afirmación de Benjamin Constant: “AI comienzo, los hombres hacen las instituciones, y luego, las instituciones hacen a los hombres”.

Mi pregunta es ¿Por qué no nos enseñan a proteger los valores que nuestros antecesores lucharon por establecer si no subvertirlos? ¿Por qué no nos enseñan a concederle solidez a principios probados si no a aplaudir frenéticamente lo que vayan contra? El valor de la familia, una vida sin drog, la fe a Dios, una educación católica, la defensa la vida… ello no es contrario al espíritu de la juventud y no lo será nunca, porque lo que es útil para la humanidad lo es también para la juventud pero se nos quiere hacer vivir esa bella época de nuestro pensamiento juvenil como escribió Bacon: “se decía de Septimio severo: “juventute egit erribus, imo furobius plenam” (pasó su juventud llena de errores y hasta de locura)”.

No se es joven por negarse a discutir siquiera el valor de la vida aceptando el aborto como un dogma. No se es joven creyendo que el mundo de las drogas es un problema de desarrollo personal o resultado del mismo y no como en realidad es, un imperio de muerte y destrucción. No se es joven rechazando la Religión sin reflexionar cuán útil es para la sociedad. No se es joven proclamando como Nietzsche la muerte de Dios sin primero conocerlo. No se es por vandalizar lo público, no se es por aborrecer las instituciones de la patria, no se es joven por aceptar el género como indeterminado y no como una razón de condición natural.

¿Dónde quedaron los valores de la regeneración de finales de siglo XIX encabezada por Rafel Núñez? ¿Qué sucedió en la Colombia con lema “Una nación, Un pueblo, Un Dios”? Volvamos a una Colombia ejemplo de su devoción a Dios y que sus creencias florecían siendo una nación conservadora. Lo que expreso no es una lucha contra una equidad e igualdad en el país, lo hago atacando esas creencias e ideas que carcomen a una juventud colombiana polarizada y pérdida. Si bien no se lograrán frenar estos pensamientos ignorantes que buscan una libertad falsa basada en el populismo tendencioso de izquierda, se deben detener hasta que la sociedad misma los haga aparte. Esa es mi lucha conservadora, no una crítica al cambio ni un proteccionismo a lo tradicional sino un amor por la patria en forma de áncora de esta misma.

Dediquemos la fuerza de nuestra juventud a construir, no por ello dejaremos de ser jóvenes, no por ello dejaremos de cuestionar, no por ello dejaremos de luchar por un mundo moderno y humano por el cual si no se lucha, principios e ideas equívocas construirán su fin y no su grandioso futuro.

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